Una Edad Difícil
Autora: Tanja Netscher
Soy madre de familia. Tres adorables hijas en edades “difíciles”. Pubertad. Adolescencia. Palabras que se pronuncian hoy en día casi como una calamidad, ya que las asociamos con un sin fín de emociones complicadas, reflejos de una etapa de la vida compleja.
¿Difícil para quién?
Para ellos, sin duda. No tanto por los cambios hormonales que los acompañan, el deseo de afirmar su personalidad, de definir sus gustos, de encontrar su individualidad, de diseñar su futuro, de saber elegir a sus amistades, de no caer en la tentación de los vicios... Tantas razones poderosas para suspirar y caer en la depresión, motivos que no tenían las generaciones anteriores; y sin embargo, nuestros hijos son capaces de enfrentar todos estos retos. Tal vez lo más difícil para ellos, es darse cuenta que nosotros, sus padres de familia, hemos dejado de entenderlos. Que nuestro apoyo y nuestro cariño se han transformado en silencios, regaños o ausencias. Tal vez no han entendido que seguimos pensando que son “nuestros” niños pequeños, que podemos moldear a nuestra conveniencia y callar cuando intentan hablar su verdad. Lo cierto es que ellos dejaron de ser niños mucho antes de que nosotros estuviéramos preparados emocionalmente para recibirlos como adultos jóvenes. Su carácter se formó antes de los cinco años de edad y el ejemplo que dimos en casa dejó sus huellas, imborrables. Y ahí estamos luchando para intentar dirigir y corregir a nuestros hijos, o simplemente, enseñarles a ser resilientes, responsables y felices.