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Ene 12

Una Edad Difícil

Autora: Tanja Netscher


Soy madre de familia. Tres adorables hijas en edades “difíciles”. Pubertad. Adolescencia. Palabras que se pronuncian hoy en día casi como una calamidad, ya que las asociamos con un sin fín de emociones complicadas, reflejos de una etapa de la vida compleja.

¿Difícil para quién?
edad_dificil2Para ellos, sin duda. No tanto por los cambios hormonales que los acompañan, el deseo de afirmar su personalidad, de definir sus gustos, de encontrar su individualidad, de diseñar su futuro, de saber elegir a sus amistades, de no caer en la tentación de los vicios... Tantas razones poderosas para suspirar y caer en la depresión, motivos que no tenían las generaciones anteriores; y sin embargo, nuestros hijos son capaces de enfrentar todos estos retos. Tal vez lo más difícil para ellos, es darse cuenta que nosotros, sus padres de familia, hemos dejado de entenderlos. Que nuestro apoyo y nuestro cariño se han transformado en silencios, regaños o ausencias. Tal vez no han entendido que seguimos pensando que son “nuestros” niños pequeños, que podemos moldear a nuestra conveniencia y callar cuando intentan hablar su verdad. Lo cierto es que ellos dejaron de ser niños mucho antes de que nosotros estuviéramos preparados emocionalmente para recibirlos como adultos jóvenes. Su carácter se formó antes de los cinco años de edad y el ejemplo que dimos en casa dejó sus huellas, imborrables. Y ahí estamos luchando para intentar dirigir y corregir a nuestros hijos, o simplemente, enseñarles a ser resilientes, responsables y felices.

No nos han enseñado a ser padres de familia. Hicimos y hacemos lo mejor que podemos

¿Y sí, tal vez, las rebeldías, las faltas de respeto y los “malos” comportamientos surgen cuando nuestros hijos se dan cuenta que los principios que han regido nuestra vida y la suya, no corresponden a los que hemos pregonado? ¿Y sí, tal vez, se dan cuenta que no actuamos en forma congruente? ¿Que los reclamos y los regaños aparecen cuando reprobamos actitudes que calificamos como equívocas, mismas que han visto y siguen viendo en nosotros?


A través de la psicoterapia asistida con equinos, una maravillosa herramienta de aprendizaje que me ha permitido “ver” a través de los caballos y “entender” que a menudo, los “problemas” que despliegan los jóvenes (hábitos inadecuados, conductas indebidas, adicciones, depresiones, etc…) no son más que el reflejo de nuestros propios sentimientos; y que la solución yace primero en el reconocimiento de éstos en nosotros, y en el deseo de querer cambiarlos primero para poder hacer que nuestros hijos, a su vez, cambien.

edad_dificil1No nos han enseñado a ser padres de familia. Hicimos y hacemos lo mejor que podemos. Pero culpar a nuestros hijos de sus defectos y de su manera de portarse no es la solución. Puede parecer que sí: nos libera de la responsabilidad que nos corresponde y nos ofrece un increíble pretexto para NO actuar y seguir quejándonos. Pero nuestra verdadera misión consiste en preparar a nuestros hijos para que puedan entender sus reacciones (autoconocimiento) y modificarlas en caso necesario para enfrentar los retos presentes y futuros (inteligencia emocional) y vivir felices. Y la mejor forma de hacerlo es voltear y mirar hacia nosotros mismos y tomar nuestro destino en nuestras manos: cambiar lo que no funciona para nosotros, encontrar lo que sí funcionaría, y tener el valor de transformarlo. La palabra convence, el ejemplo arrasa. Y nunca es tarde.

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